El ojo moral y el K-Pop del 2000

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Cuando se habla de arte contemporáneo el énfasis lo podemos ver, muchas veces, enfocado en el arte visual. Entendemos los contextos que este considera y, dependiendo de qué tan versados seamos en el tema, podemos diferenciar técnicas y materias y sus significados.

Sin embargo, pocas veces volteamos a ver obras artísticas modernas cuya significación, tanto cultural como social, pueden llegar a considerarse mayores al arte visual: la música. Especialmente, la música pop.

Para propósitos de este análisis no nos estaremos enfocando en la música pop de occidente, sino en su hermanito pequeño que fue creado en oriente a mediados de los 90s, y el impacto social que significó el boom de la música popular en un país que hasta el momento había sido recluso y devastado por la guerra. Corea del Sur.

Como menciona Michael Baxandall, “un cuadro (…) es un depósito de una relación social. De un lado estaba un pintor que realizaba un cuadro, o por lo menos supervisaba su realización. Del otro lado había alguien que le había pedido que lo hiciera,” (Baxandall, 1972). Si bien este análisis se centra en lo visual, podemos otorgar este mismo pensamiento a la música “popular” o “pop” nacida en Corea del Sur: su creación se trata de la relación social entre el “artista” (y todo lo que hay detrás) y el ciudadano coreano común.

BoA: “ID; Peace B”

A finales de la década de los 90s, Corea del Sur se encontraba recuperando de una serie de crisis económicas que habían dejado la país debilitado. Tras una serie de reformas económicas, en las cuales se priorizó exportar materia nacional y abrir el mercado a la inversión privada extranjera, Corea del Sur se encontraba en camino a ser uno de los países más importantes de Asia.

Aunque esta apertura económica se pensaba enfocar en el comercio de bienes y servicios, esta llegó a cambiar también la manera en que los coreanos consumían el arte. Especialmente, el arte popular y comercial como la música y la televisión

Si bien hasta la década de los 80s Corea del Sur se había mantenido conservador y cerrado en el tipo de medios que se consumían, existiendo bajo severas reglas de censura que limitaban el contenido popular a dos canales televisivos y estaciones de radio bajo control estatal, en los cuales se escuchaba únicamente música “trot” (estilo balada con sonidos de música folclórica nacional), fue para 1987 que la apertura económica dio paso a que actos musicales extranjeros, especialmente estadounidenses, afectaran a la juventud coreana.

A la par que artistas estadounidenses cobraban popularidad, también incrementaba la necesidad de tener un símbolo cultural similar en Corea. Así como la música de occidente representaba lo que una nación progresiva y económicamente fuerte debía aparentar y exportar, se comenzó a trabajar en la creación de un ídolo joven que pudiera lograr el mismo efecto.

Con esto en mente, y gracias a la rápida aceptación pública y casi garantizado éxito económico de otros actos musicales, fue que debuta una de las cantantes más icónicas e importantes del país hasta hoy en día: BoA.

Retomando lo que menciona Baxandall sobre el arte, en el inicio del Renacimiento “los cuadros existían para atender finalidades institucionales, para ayudar a actividades intelectuales y espirituales específicas” (Baxandall, 1972). Similarmente, la música pop coreana existió, en su momento, como un factor de impulso y posicionamiento del país ante países vecinos en Asia y el mundo.

Atendía finalidades institucionales, al ser de las principales armas del gobierno para impulsar el país en el extranjero, así como una finalidad cultural y social al convertirse en un impulsor moral entre la juventud coreana y una manera de unir a la nación bajo un mismo símbolo.

Para estos momentos no se pensaba en el “artista” como un ser autónomo que pudiera crear la música que deseaba, sino que se comenzó a crear lo que sería una empresa lucrativa de producción musical. BoA, como los artistas que la precedieron, nació dentro de las oficinas de un corporativo llamado SM Entertainment. Su misión: expandir el “poder blando” que Corea del Sur podía llegar a tener en Japón, China y otros países de Asia, así como ponerse a la par de gigantes del entretenimiento mostrando que, a pesar de la adversidad, Corea del Sur era el progreso.

Para esto, el trabajo y atención puesto ante las canciones que BoA lanzaría en el año 2000 fueron planeadas con pinzas. Con tan solo 14 años y después de una inversión de 3.6 millones de dólares, BoA fue entrenada durante dos años en canto, bailes modernos como el hip-hop y lecciones de japonés para adaptarse y poder promocionar en el país.

Para su debut se utilizaron una serie de canciones en japonés, sin embargo, en este análisis nos estaremos enfocando en una: “ID; Peace B”.

La composición de la canción en sí es interesante ya que, a un oído extranjero, los primeros segundos de la canción le pueden resultar exóticos y diferentes, al tratarse de lo que parece una serie de acordes escalonados tocados en un instrumento, similar a un arpa, tradicional de música coreana: “gayageum”, remasterizado para ser un poco más rápido y agudo. De cierta manera, la vinculación con los elementos tradicionales, de ritmos que son similares en otros países asiáticos, lo hace interesante para occidente y familiar para oriente.

Este elemento es rápidamente sustituido por una mezcla de géneros más familiares para occidente. La canción cuenta con una pista base de hip-hop (género que se encontraba en su auge en Estados Unidos tras la apropiación a la cultura blanca), estrofas de guitar eléctrica, que aludían a la popularidad de la música rock y “nu metal” del momento, y vocales estilo R&B, suaves y aterciopelados, atribuibles a actos como Destiny’s Child y Mariah Carey.

Esta mezcolanza de géneros, aunque no eran propios únicamente de Estados Unidos, nos permiten analizar al tipo de público al que se estaba queriendo aludir. Así como el lapislázuli en una pintura nos permite divisar las condiciones sociales y entender las significaciones económicas de una obra, la utilización de estos géneros musicales en específico nos permite entender el tipo de sociedad coreana que se estaba tratando de dar a entender.

Por años, la música rock fue censurada en la televisión y la radio local. El acercamiento cultural de Corea para el año 2000 con grupos como la comunidad negra era básicamente inexistente, por lo que no podemos asumir que esta canción sea el resultado de un intercambio cultural, sino una serie de decisiones planeadas que reflejan: 1) la apertura económica de Corea del Sur ante la comunidad capitalista internacional y, 2) el progreso cultural que se estaba tratando de dejar ver al mundo, en lo que, hasta entonces, había sido una sociedad infamemente cerrada.

En cuanto a su efecto local y en el resto de Asia, resulta interesante analizar la letra de la canción con la cual se decidió iniciar la campaña de “poder blanco” surcoreana:

“Escucharas lo que tengo que decir.

No intentes detenerme.

Es momento de que haga

las cosas como quiero.

Déjame hacerlo a mi manera.”

Con esta primera estrofa se establece a la artista como la voz de la juventud asiática, quienes crecieron en un mundo cada vez más modernizado y con aperturas graduales a occidente. Ya no se esperaba atenerse a los valores más ortodoxos y tradicionales, y estos sentimientos son únicamente repetidos en las letras:

“Puedes pensar que soy joven.

Se que crees saber lo que es mejor.

Siempre crees tener la razón, los

tiempos han cambiado eso fue hace

mucho

(…)

Jugamos juntos, como uno

Peace B (“paz B”) es el nombre de mi

conexión.

Conectémonos juntos.”

Aunque las letras pueden resultar un poco empalagosas, el sentimiento general que se trataba de evocar hacia la comunidad asiática era uno: unidad. Unidad entre países que habían estado en conflictos bélicos durante gran parte del siglo pasado. Unidad económica, aperturas a negocios y, retomando ese poder blando mencionado, unidad bajo una artista: BoA.

Este debut propició una de las mayores olas económicas que Corea del Sur recibiría en años. En su momento, la canción logró entrar al mercado japonés y a las listas locales de canciones más reproducidas, así como una aceptación general en el mercado occidental, pudiendo estar en la lista de Billboard 200. Históricamente, esta canción sería el catalizador para una “Hallyu wave” que permitiría a Corea del Sur dominar la industria musical en Asia hasta hoy en día, así como incursionar a mercados estadounidenses con actos más recientes.

Pero incluso más allá de esto, la introducción de una cantante pop joven a los medios coreanos, y la explosión de influencia que esto tuvo, dio paso a una especie de “ojo moral” sobre las mujeres y la música coreana en general.

Para las mujeres coreanas, especialmente las jóvenes, BoA significó un estándar de comportamiento y belleza física que alteraría sus patrones de aceptación estética hasta hoy en día. Se impuso un claro icono de belleza a seguir: una mujer delgada, de cabello largo, piel clara y blanca y ojos grandes. Estos elementos físicos siguen siendo el estándar para artistas pop en la industria, tanto así que no se comercializan cantantes de piel oscura o corporalidades alternas, y la cirugía plástica se ha vuelto una práctica común en el país entre las juventudes para emular estas visiones de belleza.

En cuanto a comportamiento, BoA como icono mediático y la manera en que fue comercializada localmente, estableció patrones de comportamiento que serían rápidamente adaptados como la norma para las mujeres. Se debía ser “pura”, recatada y sumisa.

Esta misma imagen fue propagada en posteriores actos musicales, lo cual sirvió para continuar con la opresión femenina en Corea. Hasta hoy en día, las mujeres enfrentan obstáculos para su realización académica, laboral y personal debido a nociones morales sobre lo que una mujer “debe ser”, los cuales por años fueron propagados por actos musicales como BoA.

Si bien puede ser que lo veamos con ojos occidentales, es verdad que la introducción de “idols”, comenzando por BoA, que representan el deber ser, física y socialmente, permitió que hubiera poco avance social respecto a normas “morales”. En América Latina hemos visto una resignificación de temas como el cuerpo de las mujeres, el ojo moral cambiando acorde a la sociedad, sin embargo, esto apenas comienza en sociedades como la coreana.

En este sentido, el impacto que tuvo la introducción de una chica de 14 años a la industria musical hace casi 24 años sigue siendo vigente hasta hoy en día. El ojo moral bajo el que se analiza a las artistas de música pop y al género femenino en general en Corea del Sur siendo aún el mismo que fue a inicio del siglo.


Bibliografía:


  • Baxandall, M. (1972). “Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento”. Editorial Gustavo Gill.

  • Bartlett, J. Domestic and global political impacts of K-Pop: BOA, BTS, and beyond. (n.d.). Center for a New American Security (en-US). https://www.cnas.org/publications/commentary/domestic-and-global-political-impacts-of-k-pop-boa-bts-and-beyond

  • Romano, A. (2018). How K-pop became a global phenomenon. Vox. https://www.vox.com/culture/2018/2/16/16915672/what-is-kpop-history-explained

  • Kwon, B. (2002). ID; Peace B [Canción] en Listen to My Heart. SM Entertainment.

Cuando se habla de arte contemporáneo el énfasis lo podemos ver, muchas veces, enfocado en el arte visual. Entendemos los contextos que este considera y, dependiendo de qué tan versados seamos en el tema, podemos diferenciar técnicas y materias y sus significados.

Sin embargo, pocas veces volteamos a ver obras artísticas modernas cuya significación, tanto cultural como social, pueden llegar a considerarse mayores al arte visual: la música. Especialmente, la música pop.

Para propósitos de este análisis no nos estaremos enfocando en la música pop de occidente, sino en su hermanito pequeño que fue creado en oriente a mediados de los 90s, y el impacto social que significó el boom de la música popular en un país que hasta el momento había sido recluso y devastado por la guerra. Corea del Sur.

Como menciona Michael Baxandall, “un cuadro (…) es un depósito de una relación social. De un lado estaba un pintor que realizaba un cuadro, o por lo menos supervisaba su realización. Del otro lado había alguien que le había pedido que lo hiciera,” (Baxandall, 1972). Si bien este análisis se centra en lo visual, podemos otorgar este mismo pensamiento a la música “popular” o “pop” nacida en Corea del Sur: su creación se trata de la relación social entre el “artista” (y todo lo que hay detrás) y el ciudadano coreano común.

BoA: “ID; Peace B”

A finales de la década de los 90s, Corea del Sur se encontraba recuperando de una serie de crisis económicas que habían dejado la país debilitado. Tras una serie de reformas económicas, en las cuales se priorizó exportar materia nacional y abrir el mercado a la inversión privada extranjera, Corea del Sur se encontraba en camino a ser uno de los países más importantes de Asia.

Aunque esta apertura económica se pensaba enfocar en el comercio de bienes y servicios, esta llegó a cambiar también la manera en que los coreanos consumían el arte. Especialmente, el arte popular y comercial como la música y la televisión

Si bien hasta la década de los 80s Corea del Sur se había mantenido conservador y cerrado en el tipo de medios que se consumían, existiendo bajo severas reglas de censura que limitaban el contenido popular a dos canales televisivos y estaciones de radio bajo control estatal, en los cuales se escuchaba únicamente música “trot” (estilo balada con sonidos de música folclórica nacional), fue para 1987 que la apertura económica dio paso a que actos musicales extranjeros, especialmente estadounidenses, afectaran a la juventud coreana.

A la par que artistas estadounidenses cobraban popularidad, también incrementaba la necesidad de tener un símbolo cultural similar en Corea. Así como la música de occidente representaba lo que una nación progresiva y económicamente fuerte debía aparentar y exportar, se comenzó a trabajar en la creación de un ídolo joven que pudiera lograr el mismo efecto.

Con esto en mente, y gracias a la rápida aceptación pública y casi garantizado éxito económico de otros actos musicales, fue que debuta una de las cantantes más icónicas e importantes del país hasta hoy en día: BoA.

Retomando lo que menciona Baxandall sobre el arte, en el inicio del Renacimiento “los cuadros existían para atender finalidades institucionales, para ayudar a actividades intelectuales y espirituales específicas” (Baxandall, 1972). Similarmente, la música pop coreana existió, en su momento, como un factor de impulso y posicionamiento del país ante países vecinos en Asia y el mundo.

Atendía finalidades institucionales, al ser de las principales armas del gobierno para impulsar el país en el extranjero, así como una finalidad cultural y social al convertirse en un impulsor moral entre la juventud coreana y una manera de unir a la nación bajo un mismo símbolo.

Para estos momentos no se pensaba en el “artista” como un ser autónomo que pudiera crear la música que deseaba, sino que se comenzó a crear lo que sería una empresa lucrativa de producción musical. BoA, como los artistas que la precedieron, nació dentro de las oficinas de un corporativo llamado SM Entertainment. Su misión: expandir el “poder blando” que Corea del Sur podía llegar a tener en Japón, China y otros países de Asia, así como ponerse a la par de gigantes del entretenimiento mostrando que, a pesar de la adversidad, Corea del Sur era el progreso.

Para esto, el trabajo y atención puesto ante las canciones que BoA lanzaría en el año 2000 fueron planeadas con pinzas. Con tan solo 14 años y después de una inversión de 3.6 millones de dólares, BoA fue entrenada durante dos años en canto, bailes modernos como el hip-hop y lecciones de japonés para adaptarse y poder promocionar en el país.

Para su debut se utilizaron una serie de canciones en japonés, sin embargo, en este análisis nos estaremos enfocando en una: “ID; Peace B”.

La composición de la canción en sí es interesante ya que, a un oído extranjero, los primeros segundos de la canción le pueden resultar exóticos y diferentes, al tratarse de lo que parece una serie de acordes escalonados tocados en un instrumento, similar a un arpa, tradicional de música coreana: “gayageum”, remasterizado para ser un poco más rápido y agudo. De cierta manera, la vinculación con los elementos tradicionales, de ritmos que son similares en otros países asiáticos, lo hace interesante para occidente y familiar para oriente.

Este elemento es rápidamente sustituido por una mezcla de géneros más familiares para occidente. La canción cuenta con una pista base de hip-hop (género que se encontraba en su auge en Estados Unidos tras la apropiación a la cultura blanca), estrofas de guitar eléctrica, que aludían a la popularidad de la música rock y “nu metal” del momento, y vocales estilo R&B, suaves y aterciopelados, atribuibles a actos como Destiny’s Child y Mariah Carey.

Esta mezcolanza de géneros, aunque no eran propios únicamente de Estados Unidos, nos permiten analizar al tipo de público al que se estaba queriendo aludir. Así como el lapislázuli en una pintura nos permite divisar las condiciones sociales y entender las significaciones económicas de una obra, la utilización de estos géneros musicales en específico nos permite entender el tipo de sociedad coreana que se estaba tratando de dar a entender.

Por años, la música rock fue censurada en la televisión y la radio local. El acercamiento cultural de Corea para el año 2000 con grupos como la comunidad negra era básicamente inexistente, por lo que no podemos asumir que esta canción sea el resultado de un intercambio cultural, sino una serie de decisiones planeadas que reflejan: 1) la apertura económica de Corea del Sur ante la comunidad capitalista internacional y, 2) el progreso cultural que se estaba tratando de dejar ver al mundo, en lo que, hasta entonces, había sido una sociedad infamemente cerrada.

En cuanto a su efecto local y en el resto de Asia, resulta interesante analizar la letra de la canción con la cual se decidió iniciar la campaña de “poder blanco” surcoreana:

“Escucharas lo que tengo que decir.

No intentes detenerme.

Es momento de que haga

las cosas como quiero.

Déjame hacerlo a mi manera.”

Con esta primera estrofa se establece a la artista como la voz de la juventud asiática, quienes crecieron en un mundo cada vez más modernizado y con aperturas graduales a occidente. Ya no se esperaba atenerse a los valores más ortodoxos y tradicionales, y estos sentimientos son únicamente repetidos en las letras:

“Puedes pensar que soy joven.

Se que crees saber lo que es mejor.

Siempre crees tener la razón, los

tiempos han cambiado eso fue hace

mucho

(…)

Jugamos juntos, como uno

Peace B (“paz B”) es el nombre de mi

conexión.

Conectémonos juntos.”

Aunque las letras pueden resultar un poco empalagosas, el sentimiento general que se trataba de evocar hacia la comunidad asiática era uno: unidad. Unidad entre países que habían estado en conflictos bélicos durante gran parte del siglo pasado. Unidad económica, aperturas a negocios y, retomando ese poder blando mencionado, unidad bajo una artista: BoA.

Este debut propició una de las mayores olas económicas que Corea del Sur recibiría en años. En su momento, la canción logró entrar al mercado japonés y a las listas locales de canciones más reproducidas, así como una aceptación general en el mercado occidental, pudiendo estar en la lista de Billboard 200. Históricamente, esta canción sería el catalizador para una “Hallyu wave” que permitiría a Corea del Sur dominar la industria musical en Asia hasta hoy en día, así como incursionar a mercados estadounidenses con actos más recientes.

Pero incluso más allá de esto, la introducción de una cantante pop joven a los medios coreanos, y la explosión de influencia que esto tuvo, dio paso a una especie de “ojo moral” sobre las mujeres y la música coreana en general.

Para las mujeres coreanas, especialmente las jóvenes, BoA significó un estándar de comportamiento y belleza física que alteraría sus patrones de aceptación estética hasta hoy en día. Se impuso un claro icono de belleza a seguir: una mujer delgada, de cabello largo, piel clara y blanca y ojos grandes. Estos elementos físicos siguen siendo el estándar para artistas pop en la industria, tanto así que no se comercializan cantantes de piel oscura o corporalidades alternas, y la cirugía plástica se ha vuelto una práctica común en el país entre las juventudes para emular estas visiones de belleza.

En cuanto a comportamiento, BoA como icono mediático y la manera en que fue comercializada localmente, estableció patrones de comportamiento que serían rápidamente adaptados como la norma para las mujeres. Se debía ser “pura”, recatada y sumisa.

Esta misma imagen fue propagada en posteriores actos musicales, lo cual sirvió para continuar con la opresión femenina en Corea. Hasta hoy en día, las mujeres enfrentan obstáculos para su realización académica, laboral y personal debido a nociones morales sobre lo que una mujer “debe ser”, los cuales por años fueron propagados por actos musicales como BoA.

Si bien puede ser que lo veamos con ojos occidentales, es verdad que la introducción de “idols”, comenzando por BoA, que representan el deber ser, física y socialmente, permitió que hubiera poco avance social respecto a normas “morales”. En América Latina hemos visto una resignificación de temas como el cuerpo de las mujeres, el ojo moral cambiando acorde a la sociedad, sin embargo, esto apenas comienza en sociedades como la coreana.

En este sentido, el impacto que tuvo la introducción de una chica de 14 años a la industria musical hace casi 24 años sigue siendo vigente hasta hoy en día. El ojo moral bajo el que se analiza a las artistas de música pop y al género femenino en general en Corea del Sur siendo aún el mismo que fue a inicio del siglo.


Bibliografía:


  • Baxandall, M. (1972). “Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento”. Editorial Gustavo Gill.

  • Bartlett, J. Domestic and global political impacts of K-Pop: BOA, BTS, and beyond. (n.d.). Center for a New American Security (en-US). https://www.cnas.org/publications/commentary/domestic-and-global-political-impacts-of-k-pop-boa-bts-and-beyond

  • Romano, A. (2018). How K-pop became a global phenomenon. Vox. https://www.vox.com/culture/2018/2/16/16915672/what-is-kpop-history-explained

  • Kwon, B. (2002). ID; Peace B [Canción] en Listen to My Heart. SM Entertainment.

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