“Booktok”: ¿el fin de la literatura?

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La manera en que nos relacionamos con la literatura se ha mantenido, en su manera más básica, muy similar durante los años. Desde las primeras civilizaciones, en donde aquellos con el “poder” de descifrar el lenguaje escrito eran pensados con habilidades eruditas y hasta mágicas, hasta las épocas modernas en donde El Lector, como consumidor, mantiene un estatus que pocas veces se le otorga al amante de la música y, solo en ocasiones, al cinéfilo.

De cierta manera, la literatura siempre ha sido ese escalón un poco más elevado del ciudadano común. No solo por lo que implica el poder y saber leer, sino, en tiempos más modernos, por el supuesto esfuerzo mental que un lector hace en comparación con alguien que disfruta de ver series de televisión. En su argumento más esencial, ambos hacen lo mismo: disfrutan y consumen una historia, sin embargo, el consumir literatura y el manipular un libro, conservan un cierto espíritu superior que hace del lector un ser, supuestamente, superior.

No obstante, este espíritu de superioridad que tiene el lector es únicamente aplicable cuando las obras que consume son aquellas que conservan una cierta “aura” que las justifica como verdaderas obras de arte. Walter Benjamin define esta “aura” como el valor que tiene una obra como “testigo o documento vivo, dentro de un acto ritual, de un acontecimiento mágico de lo sobrenatural y sobrehumano,” (Benjamin, 2003). Es una especie de “efecto de extrañamiento”, que nos permite clasificar la obra casi en un ámbito sobrenatural.

Pensemos en aquellas primeras ediciones de obras de escritores consagrados por nosotros como verdaderos Artistas, por ejemplo William Shakespeare o Charles Dickens, quienes cuentan con primeras ediciones a la venta (por internet) con precios que comienzan en los $275,000.00 USD. Podemos reconocer el efecto que estos escritores, y estas obras, tienen en el pensamiento colectivo cultural lo que resulta en que, al leerse o incluso ser vistos con ellos, nuestro estatus intelectual suba. Edith Wharton definió este estatus al decir que “leer no es una virtud, pero el leer bien es un arte. Un arte que solo el lector nato puede adquirir.” (Wharton, 1903)

Aunque el argumento de Walter Benjamin se establece más alrededor de aquellas obras que se pueden considerar únicas, como por ejemplo una pintura, y su relación con la reproducción, hoy en día podemos aplicar estas teorías a procesos de consumo de lectura, similar a las diferencias que estableció Edith Warton entre el lector y “el que lee”. “El lector mecánico no tiene esa aptitud nata de lectura, por lo que nunca podrá obtener este arte.” (Warton, 1903)

Esta diferencia, muy fundamentada en pensamientos clasistas y en algunos argumentos, hasta sexistas, ha continuado hasta hoy en día con la diferenciación entre el lector “verdadero” y quienes leen “lo otro”. Es por esto que no es suficiente con tener un libro en la mano, sino que este tiene que responder a lo que se ha establecido como correcto, como verdaderamente artístico, lo que conserva un aura. No se da el mismo efecto si se carga un libro de Pizarnik que un libro de Colleen Hoover.

En este sentido, Benjamin establece dos ramas de división en el arte: el arte de culto y el arte de exhibición. Es difícil pensar que, al momento de considerar esta división, Benjamin hubiera podido imaginar el rol que tomaría la tecnología, y el tipo de avances que se podrían ver en tan poco tiempo, sin embargo es importante que podamos diferenciar uno del otro, ya que ambos conceptos siguen resultando importantes para analizar nuestros consumos culturales. Como ya hemos establecido, el arte de culto es aquel que conserva un algo mágico respecto al proceso y al artista, a diferencia del arte “de exhibición”, el donde “la obra vale como un factor que desata una experiencia profana: la experiencia estética de la belleza.” (Benjamin, 2003)

En años posteriores, y con las proezas tecnológicas que nos rodean, podemos hablar de cómo esta idea de arte “profano” y de exhibición, evolucionó hasta los rincones de nuestro celular en la plataforma TikTok, completamente cambiando la manera en que consumimos casi todos (o todos) los tipos de arte que existen. Entre ellos, un cambio radical es el de la literatura, especialmente después de la pandemia, y con el creciente tiempo libre y necesidades de sentir algo más allá de ansiedad, se disparó el contenido que se creaba en esta plataforma el cual se centraba únicamente en libros. A este pedacito del internet se le denominó “Booktok”.

Similar a lo que ocurrió en YouTube entre 2012-2015 con el surgimiento de “BookTube”, una comunidad de lectores (principalmente lectores jóvenes) se dispuso a compartir sus más recientes compras u obras disfrutadas en un formato de video, con lo cual podían conectar con más jóvenes con gustos similares. Aunque dentro de la comunidad sí existen quienes leen más allá de un solo género, es importante destacar que, tanto BookTube como Booktok mantienen su punto principal de interés en libros de romance. Romance fantástico, romance contemporáneo, romance y ciencia ficción, etc.

En los 2010s esta comunidad y el crecimiento que tuvieron en redes sociales tuvieron como resultado la popularidad de libros “young adult” como Los Juegos del Hambre, Divergente, The Mortal Instruments, etc. Hoy en día, esto ha tenido como resultado la popularización de libros “chick-lit” cuyo principal argumento es el romance yuna vasta cantidad de contenido sexual. De entre los libros más populares son los escritos por Colleen Hoover, Ali Hazelwood, entre otras.

En sus ensayos, Benjamin argumentaba que la manera en que se consume el arte en la modernidad sería mejor y más libre, pensaba en la comunidad y en romper las barreras de las divisiones que existen en la creación y el disfrute del arte. Y aunque, de cierta manera las redes sociales sí nos han permitido conectar y crear en comunidad, estas también han cambiado la manera en la que consumimos productos artísticos, lo que ha cambiado también los contenidos que son publicados. Esta idea “aurática” de creación de productos literarios que se tenia, autores alzados y máquinas de escribir, queda reemplazado por la posibilidad de que el libro que se tiene en las manos no haya sido escrito siquiera por un humano.


Pero, ¿cómo se llegó a esto?

Booktok como subcultura en internet tuvo un incremento en popularidad en 2020. Lo que comenzó como un contenido orgánico creado en comunidad, particularmente de jóvenes, evolucionó a una estrategia de marketing masiva en donde podemos encontrar 87.4 mil millones de vistas. Como buen proceso de marketing, este influx de contenido ha tenido un incremento en revenue para las editoriales, aumentando la impresión de libros contemporáneos de ficción en un 30.7% entre 2020 y 2021 (NPD Bookscan, 2022) e incrementando las impresiones a 1.5 millones de unidades en 2023, entre los cuales podemos encontrar popularidad en temas de fantasía, romance y ficción histórica. (Circana, 2024)

Booktok como comunidad y como espacio de mercado esta dominado casi completamente por mujeres jóvenes. Si abrimos la app y buscamos “#Booktok” nos veremos inundados de millones de videos de discusión literaria en los cuales, en su mayoría, son encabezados por mujeres. A lo mejor es por esto, o a lo mejor es porque enserio preocupan los contenidos que se consumen hoy en día, sin embargo, este gran impulso de mercado hacia la industria literaria ha creado la pregunta: ¿qué se está leyendo?

Benjamin habla de los públicos y consumidores modernos como con “un nuevo tipo de “percepción” o sensibilidad. (…) Son masas que tienden a menospreciar la singularidad irrepetible y durabilidad perenne de la obra de arte y a valorar la singularidad reactualizable y la fugacidad de la misma,” (Benjamin, 2003). Aunque el autor los pensaba más como comunidades rompe barreras (que en varios aspectos sí son), esta idea de preferir contenidos artísticos más fugaces se ha traducido en una gran popularidad de libros con temas y argumentos muy similares. Tomemos, por ejemplo, el libro que puso a Booktok en el reflector.

“It Ends with Us” (“Romper el Circulo” en español) de Colleen Hoover trata sobre un complicado triángulo amoroso. El principal argumento del libro son los temas de maltrato que pueden existir en una relación y sus efectos, sin embargo, la autora (y los publicistas que lo vendieron al público) pusieron un gran énfasis en el aspecto romántico y sexual de las relaciones. Una vez que entró en la atmósfera de TikTok, el libro ganó rápida tracción por sus contenidos, abriendo espacio para que más libros de contenidos similares fueran popularizados entre las mujeres.

La fórmula literaria de libros de romance contemporáneos fueron replicadas incontables veces. A la par que la comunidad ganaba popularidad, también lo hacían la manera de hablar y reseñar los libros. Se comenzó a poner un especial énfasis, no en la estética de las portadas (aunque es importante destacar que una vez que el género de romance comenzó a revivir en popularidad, su presentación visual cambió de estética a ser más digerible por todo público) sino en la cantidad de contenido sexual que se podía encontrar dentro.

El contenido romántico se mencionaba de pasada y el contenido sexual se contabilizaba en emojis. Mientras más fueguitos o emojis en forma de chile tenga una reseña, más posible era que el video ganara tracción, por ende visitas y por ende poder ser monetizado. Si bien el algoritmo de TikTok se acopla a los gustos personales del usuario (por lo que tú eres el culpable de lo que ves), la popularidad del género y de este tipo de libros es indudable, a tal punto que las mismas editoriales y librerías utilizaban la tracción para poder generar ventas.

Esto creó una especie de efecto dominó. La demanda de libros, que de unos años para acá está muy peleada con tener consumidores, pedía más romance, más sexualidad y más clichés, por lo que los principales contenidos que se publicitaban (fuera y dentro de Booktok) eran eso, a tal punto que los libros se mezclaban entre sí. Bien podrías estar leyendo el mismo argumento en tres libros diferentes, cambiando únicamente los nombres de los personajes. Este consumo en comunidad de obras literarias, contrario a lo que Benjamin tenía en mente, dieron paso a una “barbarie” de contenido gracias a la industria cultura y a lo que implica el consumo en masa de ciertos elementos artísticos y su transformación una vez que son populares.

En este caso, las audiencias demandaban libros digeribles cuyo argumento principal no fuera una conversación más allá, sino que se centraban en la satisfacción casi inmediata de 200 páginas de relaciones románticas entre el cliché de feminidad hegemónica popularizado por los medios anglohablantes y una variación de “chico malo” o “chico bueno” que llega a salvar a nuestra supuesta heroína. Aunque siempre ha existido un mercado por los libros, y desde que se diversificaron los temas y actores que pueden tener una opinión en el mundo literario, ha existido una preocupación por lo que se lee, resulta interesante de analizar la manera tan rápida y masiva en que cambió el consumo de libros.

Así como en el cine, se trató a las historias impresas como pan caliente las cuales, convenientemente, pueden ser replicadas muy fácilmente y, gracias a la existencia de una base sólida de popularidad y un colchón de compradores asegurado, la producción y venta de estos productos se ha vuelto mucho más salvaje. Como establece Pierre Bourdieu, se vuelve un tratamiento meramente mercantilista del arte que le sustrae el “aura” y cercanía con lo humano para volverse una satisfacción rápida disfrazada de algo más.

Este capitalismo salvaje de la literatura cruza un nuevo límite cuando, más allá de haber dejado atrás las ideas utópicas de Benjamin de contenidos comunitarios y un pensamiento político respecto a lo que se consume, sustrae el aspecto humano completamente.

Gracias al gran mercado de libros de romance, se han contabilizado casos de “libros” creados a través de la inteligencia artificial, los cuales toman en contenido ya existente en internet y se programa para crear “nuevas” historias con los puntos que ya se sabe van a ser consumidos. Atrás quedaron las ideas de un aura de la obra artística y literaria, ya que este nuevo formato crea una separación total con aquello que podía resultar mágico de la escritura, incluso en un mundo de arte de exhibición.

El mercado de los libros creados por inteligencias artificiales es relativamente joven, y el hecho de haberlo podido diferenciar en esta etapa nos permite vislumbrar un mundo en donde rechacemos este arte verdaderamente profano (no por ser puristas del arte, pero al momento la IA y sus creaciones son básicamente plagio) en favor de contenidos que sí lleguen a crear las comunidades políticas y deslindadas del culto que establecía Benjamin. Y, de cierta manera, la respuesta puede estar en el mismo nido de donde viene el mal.

Booktok, como comunidad, es inmensa y si bien el foco está ahora en el romance y los contenidos repetidos que se encuentran entre sus filas, es importante reconocer que no es el 100% de lo que representa la comunidad. Existen personas hablando y dando plataformas a libros de comunidades marginadas, relaciones LGBTQ+, poesía, historia, ciencia y política. Así de amplio sea el mundo de la literatura será su comunidad en internet. Lo importante aquí es dar este mismo impulso a libros cuyos contenidos nos lleven a cuestionar en donde estamos. No con esto decimos que todo tiene que ser “literatura pretenciosa”, sino que evitemos que la magia, el aura, sea arrebatada hasta del amor.


Bibliografía:


  • Benjamin, W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Editorial Itaca. Mexico.

  • Bourdieu, P. (2010) El sentido social del gusto. Siglo Veintiuno Editores. Argentina.

  • Wharton, E y Simmons, V. (1903) Xingu: A Short Story: Also Includes The Vice of Reading and Reader Discussion Guide. Ordinary Matters Publishing.

  • Maddox, J., & Gill, F. (2023). Assembling “Sides” of TikTok: Examining Community, Culture, and Interface through a BookTok Case Study. Social Media + Society, 9(4). https://doi.org/10.1177/20563051231213565

  • NPD Bookscan. (2022). Young adult fiction books maintain sales momentum in 2022, NPD says. https://www.npd.com/news/ press-releases/2022/young-adult-fiction-books-maintain-sales- momentum-in-2022-npd-says/

  • Circana. (2024, 15 abril). Adult Fiction Outperforms the U.S. Book Market in 2023, Circana Reports.https://www.circana.com/intelligence/press-releases/2024/adult-fiction-outperforms-the-u-s-book-market-in-2023-circana-reports/

  • Knibbs, K. (2024, 10 enero). Scammy AI-Generated books are flooding Amazon. WIRED. https://www.wired.com/story/scammy-ai-generated-books-flooding-amazon/

La manera en que nos relacionamos con la literatura se ha mantenido, en su manera más básica, muy similar durante los años. Desde las primeras civilizaciones, en donde aquellos con el “poder” de descifrar el lenguaje escrito eran pensados con habilidades eruditas y hasta mágicas, hasta las épocas modernas en donde El Lector, como consumidor, mantiene un estatus que pocas veces se le otorga al amante de la música y, solo en ocasiones, al cinéfilo.

De cierta manera, la literatura siempre ha sido ese escalón un poco más elevado del ciudadano común. No solo por lo que implica el poder y saber leer, sino, en tiempos más modernos, por el supuesto esfuerzo mental que un lector hace en comparación con alguien que disfruta de ver series de televisión. En su argumento más esencial, ambos hacen lo mismo: disfrutan y consumen una historia, sin embargo, el consumir literatura y el manipular un libro, conservan un cierto espíritu superior que hace del lector un ser, supuestamente, superior.

No obstante, este espíritu de superioridad que tiene el lector es únicamente aplicable cuando las obras que consume son aquellas que conservan una cierta “aura” que las justifica como verdaderas obras de arte. Walter Benjamin define esta “aura” como el valor que tiene una obra como “testigo o documento vivo, dentro de un acto ritual, de un acontecimiento mágico de lo sobrenatural y sobrehumano,” (Benjamin, 2003). Es una especie de “efecto de extrañamiento”, que nos permite clasificar la obra casi en un ámbito sobrenatural.

Pensemos en aquellas primeras ediciones de obras de escritores consagrados por nosotros como verdaderos Artistas, por ejemplo William Shakespeare o Charles Dickens, quienes cuentan con primeras ediciones a la venta (por internet) con precios que comienzan en los $275,000.00 USD. Podemos reconocer el efecto que estos escritores, y estas obras, tienen en el pensamiento colectivo cultural lo que resulta en que, al leerse o incluso ser vistos con ellos, nuestro estatus intelectual suba. Edith Wharton definió este estatus al decir que “leer no es una virtud, pero el leer bien es un arte. Un arte que solo el lector nato puede adquirir.” (Wharton, 1903)

Aunque el argumento de Walter Benjamin se establece más alrededor de aquellas obras que se pueden considerar únicas, como por ejemplo una pintura, y su relación con la reproducción, hoy en día podemos aplicar estas teorías a procesos de consumo de lectura, similar a las diferencias que estableció Edith Warton entre el lector y “el que lee”. “El lector mecánico no tiene esa aptitud nata de lectura, por lo que nunca podrá obtener este arte.” (Warton, 1903)

Esta diferencia, muy fundamentada en pensamientos clasistas y en algunos argumentos, hasta sexistas, ha continuado hasta hoy en día con la diferenciación entre el lector “verdadero” y quienes leen “lo otro”. Es por esto que no es suficiente con tener un libro en la mano, sino que este tiene que responder a lo que se ha establecido como correcto, como verdaderamente artístico, lo que conserva un aura. No se da el mismo efecto si se carga un libro de Pizarnik que un libro de Colleen Hoover.

En este sentido, Benjamin establece dos ramas de división en el arte: el arte de culto y el arte de exhibición. Es difícil pensar que, al momento de considerar esta división, Benjamin hubiera podido imaginar el rol que tomaría la tecnología, y el tipo de avances que se podrían ver en tan poco tiempo, sin embargo es importante que podamos diferenciar uno del otro, ya que ambos conceptos siguen resultando importantes para analizar nuestros consumos culturales. Como ya hemos establecido, el arte de culto es aquel que conserva un algo mágico respecto al proceso y al artista, a diferencia del arte “de exhibición”, el donde “la obra vale como un factor que desata una experiencia profana: la experiencia estética de la belleza.” (Benjamin, 2003)

En años posteriores, y con las proezas tecnológicas que nos rodean, podemos hablar de cómo esta idea de arte “profano” y de exhibición, evolucionó hasta los rincones de nuestro celular en la plataforma TikTok, completamente cambiando la manera en que consumimos casi todos (o todos) los tipos de arte que existen. Entre ellos, un cambio radical es el de la literatura, especialmente después de la pandemia, y con el creciente tiempo libre y necesidades de sentir algo más allá de ansiedad, se disparó el contenido que se creaba en esta plataforma el cual se centraba únicamente en libros. A este pedacito del internet se le denominó “Booktok”.

Similar a lo que ocurrió en YouTube entre 2012-2015 con el surgimiento de “BookTube”, una comunidad de lectores (principalmente lectores jóvenes) se dispuso a compartir sus más recientes compras u obras disfrutadas en un formato de video, con lo cual podían conectar con más jóvenes con gustos similares. Aunque dentro de la comunidad sí existen quienes leen más allá de un solo género, es importante destacar que, tanto BookTube como Booktok mantienen su punto principal de interés en libros de romance. Romance fantástico, romance contemporáneo, romance y ciencia ficción, etc.

En los 2010s esta comunidad y el crecimiento que tuvieron en redes sociales tuvieron como resultado la popularidad de libros “young adult” como Los Juegos del Hambre, Divergente, The Mortal Instruments, etc. Hoy en día, esto ha tenido como resultado la popularización de libros “chick-lit” cuyo principal argumento es el romance yuna vasta cantidad de contenido sexual. De entre los libros más populares son los escritos por Colleen Hoover, Ali Hazelwood, entre otras.

En sus ensayos, Benjamin argumentaba que la manera en que se consume el arte en la modernidad sería mejor y más libre, pensaba en la comunidad y en romper las barreras de las divisiones que existen en la creación y el disfrute del arte. Y aunque, de cierta manera las redes sociales sí nos han permitido conectar y crear en comunidad, estas también han cambiado la manera en la que consumimos productos artísticos, lo que ha cambiado también los contenidos que son publicados. Esta idea “aurática” de creación de productos literarios que se tenia, autores alzados y máquinas de escribir, queda reemplazado por la posibilidad de que el libro que se tiene en las manos no haya sido escrito siquiera por un humano.


Pero, ¿cómo se llegó a esto?

Booktok como subcultura en internet tuvo un incremento en popularidad en 2020. Lo que comenzó como un contenido orgánico creado en comunidad, particularmente de jóvenes, evolucionó a una estrategia de marketing masiva en donde podemos encontrar 87.4 mil millones de vistas. Como buen proceso de marketing, este influx de contenido ha tenido un incremento en revenue para las editoriales, aumentando la impresión de libros contemporáneos de ficción en un 30.7% entre 2020 y 2021 (NPD Bookscan, 2022) e incrementando las impresiones a 1.5 millones de unidades en 2023, entre los cuales podemos encontrar popularidad en temas de fantasía, romance y ficción histórica. (Circana, 2024)

Booktok como comunidad y como espacio de mercado esta dominado casi completamente por mujeres jóvenes. Si abrimos la app y buscamos “#Booktok” nos veremos inundados de millones de videos de discusión literaria en los cuales, en su mayoría, son encabezados por mujeres. A lo mejor es por esto, o a lo mejor es porque enserio preocupan los contenidos que se consumen hoy en día, sin embargo, este gran impulso de mercado hacia la industria literaria ha creado la pregunta: ¿qué se está leyendo?

Benjamin habla de los públicos y consumidores modernos como con “un nuevo tipo de “percepción” o sensibilidad. (…) Son masas que tienden a menospreciar la singularidad irrepetible y durabilidad perenne de la obra de arte y a valorar la singularidad reactualizable y la fugacidad de la misma,” (Benjamin, 2003). Aunque el autor los pensaba más como comunidades rompe barreras (que en varios aspectos sí son), esta idea de preferir contenidos artísticos más fugaces se ha traducido en una gran popularidad de libros con temas y argumentos muy similares. Tomemos, por ejemplo, el libro que puso a Booktok en el reflector.

“It Ends with Us” (“Romper el Circulo” en español) de Colleen Hoover trata sobre un complicado triángulo amoroso. El principal argumento del libro son los temas de maltrato que pueden existir en una relación y sus efectos, sin embargo, la autora (y los publicistas que lo vendieron al público) pusieron un gran énfasis en el aspecto romántico y sexual de las relaciones. Una vez que entró en la atmósfera de TikTok, el libro ganó rápida tracción por sus contenidos, abriendo espacio para que más libros de contenidos similares fueran popularizados entre las mujeres.

La fórmula literaria de libros de romance contemporáneos fueron replicadas incontables veces. A la par que la comunidad ganaba popularidad, también lo hacían la manera de hablar y reseñar los libros. Se comenzó a poner un especial énfasis, no en la estética de las portadas (aunque es importante destacar que una vez que el género de romance comenzó a revivir en popularidad, su presentación visual cambió de estética a ser más digerible por todo público) sino en la cantidad de contenido sexual que se podía encontrar dentro.

El contenido romántico se mencionaba de pasada y el contenido sexual se contabilizaba en emojis. Mientras más fueguitos o emojis en forma de chile tenga una reseña, más posible era que el video ganara tracción, por ende visitas y por ende poder ser monetizado. Si bien el algoritmo de TikTok se acopla a los gustos personales del usuario (por lo que tú eres el culpable de lo que ves), la popularidad del género y de este tipo de libros es indudable, a tal punto que las mismas editoriales y librerías utilizaban la tracción para poder generar ventas.

Esto creó una especie de efecto dominó. La demanda de libros, que de unos años para acá está muy peleada con tener consumidores, pedía más romance, más sexualidad y más clichés, por lo que los principales contenidos que se publicitaban (fuera y dentro de Booktok) eran eso, a tal punto que los libros se mezclaban entre sí. Bien podrías estar leyendo el mismo argumento en tres libros diferentes, cambiando únicamente los nombres de los personajes. Este consumo en comunidad de obras literarias, contrario a lo que Benjamin tenía en mente, dieron paso a una “barbarie” de contenido gracias a la industria cultura y a lo que implica el consumo en masa de ciertos elementos artísticos y su transformación una vez que son populares.

En este caso, las audiencias demandaban libros digeribles cuyo argumento principal no fuera una conversación más allá, sino que se centraban en la satisfacción casi inmediata de 200 páginas de relaciones románticas entre el cliché de feminidad hegemónica popularizado por los medios anglohablantes y una variación de “chico malo” o “chico bueno” que llega a salvar a nuestra supuesta heroína. Aunque siempre ha existido un mercado por los libros, y desde que se diversificaron los temas y actores que pueden tener una opinión en el mundo literario, ha existido una preocupación por lo que se lee, resulta interesante de analizar la manera tan rápida y masiva en que cambió el consumo de libros.

Así como en el cine, se trató a las historias impresas como pan caliente las cuales, convenientemente, pueden ser replicadas muy fácilmente y, gracias a la existencia de una base sólida de popularidad y un colchón de compradores asegurado, la producción y venta de estos productos se ha vuelto mucho más salvaje. Como establece Pierre Bourdieu, se vuelve un tratamiento meramente mercantilista del arte que le sustrae el “aura” y cercanía con lo humano para volverse una satisfacción rápida disfrazada de algo más.

Este capitalismo salvaje de la literatura cruza un nuevo límite cuando, más allá de haber dejado atrás las ideas utópicas de Benjamin de contenidos comunitarios y un pensamiento político respecto a lo que se consume, sustrae el aspecto humano completamente.

Gracias al gran mercado de libros de romance, se han contabilizado casos de “libros” creados a través de la inteligencia artificial, los cuales toman en contenido ya existente en internet y se programa para crear “nuevas” historias con los puntos que ya se sabe van a ser consumidos. Atrás quedaron las ideas de un aura de la obra artística y literaria, ya que este nuevo formato crea una separación total con aquello que podía resultar mágico de la escritura, incluso en un mundo de arte de exhibición.

El mercado de los libros creados por inteligencias artificiales es relativamente joven, y el hecho de haberlo podido diferenciar en esta etapa nos permite vislumbrar un mundo en donde rechacemos este arte verdaderamente profano (no por ser puristas del arte, pero al momento la IA y sus creaciones son básicamente plagio) en favor de contenidos que sí lleguen a crear las comunidades políticas y deslindadas del culto que establecía Benjamin. Y, de cierta manera, la respuesta puede estar en el mismo nido de donde viene el mal.

Booktok, como comunidad, es inmensa y si bien el foco está ahora en el romance y los contenidos repetidos que se encuentran entre sus filas, es importante reconocer que no es el 100% de lo que representa la comunidad. Existen personas hablando y dando plataformas a libros de comunidades marginadas, relaciones LGBTQ+, poesía, historia, ciencia y política. Así de amplio sea el mundo de la literatura será su comunidad en internet. Lo importante aquí es dar este mismo impulso a libros cuyos contenidos nos lleven a cuestionar en donde estamos. No con esto decimos que todo tiene que ser “literatura pretenciosa”, sino que evitemos que la magia, el aura, sea arrebatada hasta del amor.


Bibliografía:


  • Benjamin, W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Editorial Itaca. Mexico.

  • Bourdieu, P. (2010) El sentido social del gusto. Siglo Veintiuno Editores. Argentina.

  • Wharton, E y Simmons, V. (1903) Xingu: A Short Story: Also Includes The Vice of Reading and Reader Discussion Guide. Ordinary Matters Publishing.

  • Maddox, J., & Gill, F. (2023). Assembling “Sides” of TikTok: Examining Community, Culture, and Interface through a BookTok Case Study. Social Media + Society, 9(4). https://doi.org/10.1177/20563051231213565

  • NPD Bookscan. (2022). Young adult fiction books maintain sales momentum in 2022, NPD says. https://www.npd.com/news/ press-releases/2022/young-adult-fiction-books-maintain-sales- momentum-in-2022-npd-says/

  • Circana. (2024, 15 abril). Adult Fiction Outperforms the U.S. Book Market in 2023, Circana Reports.https://www.circana.com/intelligence/press-releases/2024/adult-fiction-outperforms-the-u-s-book-market-in-2023-circana-reports/

  • Knibbs, K. (2024, 10 enero). Scammy AI-Generated books are flooding Amazon. WIRED. https://www.wired.com/story/scammy-ai-generated-books-flooding-amazon/

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